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Cultura | Memoria y balance de un Redondo

Indio Solari: Diez impresiones políticas según su biografía

IDEALPOLITIK | 1 de abril de 2019
Por: Juan Provéndola

Vencedores y vencidos de la democracia

“Vencedores vencidos (N: en alusión a la canción grabada en el disco “Un baión para el ojo idiota”, de 1987) es lo que éramos todos en ese momento. El poder lo seguían teniendo las corporaciones. Habíamos ganado un cierto margen de libertad, pero ¿cuánto iba a cambiar esto? Estaba claro en aquel momento que nada esencial, profundo, cambiaría un carajo. Todo el kiosco que había ido a golpear la puerta de los cuarteles seguía haciendo business… ¡Igual que hoy!”.

Su experiencia juvenil en el Siloísmo

“Llegué a Silo porque hablaban de Gurdjieff, esas cosas me entusiasmaban. Pero, por tradición familiar, yo estaba contaminado por el peronismo. Entonces pretendía acciones más… acciones peores, ja. Los siloístas estaban en otra, una cosa para mí muy rara. Proponían acciones que ante todo eran vistosas. En una peatonal, la calle 8, había una fuente en el cruce con la 51. Su idea era echar combustible en la fuente y prenderle fuego, para que la gente se acercase, repartir volantes y rajar. Si no recuerdo mal, en aquella reunión estaban los Moura, también. Pero yo andaba detrás de otro tipo de experiencias, algo que me hiciera feliz al contado. Y además había una rubia chilena, ahí, a la que le había echado el ojo y pensaba lo mismo que yo. Yo dije: Esta es la mía, la ocasión ideal para levantármela. Cuando la reunión terminaba, manifesté mi disconformidad. Por eso pregunté: ‘Y digo, yo, ¿bombas no vamos a poner nunca?’”.

La prensa in the pendiente

“Con la prensa se convirtió en una pelea permanente. Porque a muchos les encantaba hablar mal de otras corporaciones, pero cuando les recordabas que un gran diario o radio también era una corporación… No te olvides que la gente empezó a descreer de los medios grandes recién con Kirchner. Hasta entonces se los consumió ingenuamente, como si una enorme empresa pudiese hacer periodismo objetivo sin activar en favor de sus propios intereses”.

Sobre Néstor y Cristina Kirchner

“Yo sigo creyendo que Cristina trabajó para la historia. Pero a Kirchner me lo perdí. Me cayó la ficha recién cuando murió: al ver la pasión que despertaba, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Pero de todos modos venía pispeando las cosas que se hacían durante ese primer gobierno. Era lógico que mantuviese cierta distancia: después de la decepción que habían supuesto los sucesivos gobiernos de la democracia, tenía una negación. Me enteraba de lo que pasaba, pero no estaba metido. En eso seguí siempre al William Burroughs que escribió: Pienso que el excesivo compromiso con metas políticas limita, sin lugar a dudas, la capacidad creadora; uno tiende a convertirse en polemista más bien que en escritor. Desde que yo tenía uso de razón era imposible confiar en un político. Cuando había uno que valía la pena, lo volteaban”.

Ladren lo que ladren los demás

“Dicen que soy K… Y, sí, soy un poco kirchnerista, como soy un poco peronista y un poco comunista y un poco socialista… Lo que no soy es neoliberal. Liberal filosófico sí, pero no financiero”.

La nueva derecha latinoamericana

“No es por culpa de los astros del cielo que en tan sólo meses haya cambiado la mano en Latinoamérica. Acá había un grupo de gobiernos democráticos piolas, que habían trabajado en pos de algo parecido a la justicia social y trabado una alianza prometedora, y de repente… ¡No quedó casi nadie! Todo eso se digita”.

Igual que Cavallo (o peor)

“Pensar que veníamos de un momento medianamente ordenado para la gente humilde, que se hizo una casilla, los nenes comían, iban al colegio… Y entonces estalló este proceso de manera tan extraña en toda América Latina, una irrupción que te hace pensar: ¿Qué pasó acá? Porque acá han pasado cosas locas. Cavallo resucitó como tres veces. ¡Domingo Cavallo! ¡Siempre hizo cagadas terribles y aun así reaparece como maestro de estos pelotudos! Hay que entender que los forman política y económicamente y del mismo modo en que décadas atrás formaban a los militares en la Escuela de las Américas. A esos los entrenaban para torturar, a estos les dicen qué medidas económicas deben tomar en la periferia para salvarse y vivir tranquilos. Total, lo que le pase al común de la gente…

Bulacio y la ausencia en las marchas

“(…) La utilización que se quería hacer de nosotros era distinta. Cierta gente quería usarnos como ariete, convertirnos en el estandarte de un rock que volvía a la pugna política en el sentido estricto. Más allá de que lo que hago admita y exprese siempre un contenido político, nuestro motor esencial no pasaba por ahí. Era un motor artístico, antes que político. No éramos un grupo de protesta, de esos que el periodismo hace crecer cuando le conviene y después derrumba u olvida. Por supuesto, cuando uno lo necesita puede apelar a la denuncia, a la ironía, al cabaret político. Está claro que no éramos un grupo que hacía música para entretener, el nuestro era más bien un estilo de combate, batallador contra el sistema. Pero lo que persigue es algo más hondo, sublimar una emoción verdadera a través del lenguaje”.

Todo preso es político

“Mucha gente que ha sido víctima del delito o de la violencia de un robo debe decir: Miralo a este, a quién se mete a defender. Pero cuando ves el castigo a que se somete al que cayó… ¡Es humillación pura y nada más! Y a mí me humilla todo lo que es reglamentación. Me acuerdo de Fenton, que se enojaba porque hacía la cola todo bien, como se debía, para que al final lo cagase una vieja con batón que se le colaba como si fuese su derecho. Uno acepta normas de urbanidad por respeto, no porque crea en ellas, tan sólo para descubrir que los que te hacen cumplirlas son los primeros en infringirlas. ¿Soy pelotudo yo, que no creo y lo hago igual, mientras el que me dice cómo debo actuar siempre está atento a la manera de sacar ventaja?”.

El Indio sobre los indios

“A mucha gente le cuesta llamarme Indio, me dicen Carlos de una. Y se excusan: ¿Cómo te voy a decir así? Les parece una muestra de desprecio. Nunca entendí ese resquemor. Sentirán que me están diciendo patasucia, salvaje, negro o algo aun peor, porque Negro puede ser cariñoso. Pero no es que me pusieron Pelotudo o Cabezón de sobrenombre. Me pusieron Indio, nomás. No por reivindicación alguna, claro: me lo pusieron por quilombero. Es un mote que llevo con comodidad, nunca siento que pretenden rebajarme cuando me llaman así. ¿Cómo me va a molestar que me digan como se les decía a los habitantes originarios de esta tierra? Es gente cuyos derechos han sido negados históricamente”. (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

 

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