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Secretaría general de Presidencia de la Nación: La usina de los gastos insólitos

IDEALPOLITIK | 7 de mayo de 2018
Por: SANTIAGO ALBIZZATTI

En un país en crisis, con tarifas aumentando mil por ciento, salarios renovándose a la baja y ausencia de paritarias, con hospitales públicos cerrando sus salas de neonatología por falta de mantenimiento y escuelas poniéndole llave a sus puertas por orden del gobierno, lo esperable debiera ser que los representantes políticos se erijan como ejemplos de austeridad y limiten sus gastos a lo estrictamente indispensable.

En Noruega, el ministro de Finanzas decidió donar su vehículo oficial y trasladarse al Palacio de Hacienda en transporte público. En Uruguay, 9 legisladores presentaron y lograron la aprobación de un proyecto para reducir sus salarios en un 20 por ciento. En la Argentina, el presidente Mauricio Macri ordenó gastar 7 millones de pesos del Estado para renovar las ollas y sartenes de la cocina de la Casa Rosada.

Como sacados de un sketch de Antonio Gasalla, la planilla de gastos e inversiones de la secretaría general de la Casa Rosada no tiene desperdicio. En plena crisis, se ordenó el pago de 1.2 millones de pesos para mantener las canchas de tenis y paddle del presidente. 80 millones, además, se utilizaron para comprar un “Equipo Educacional y Recreativo”, del que no estamos seguros si responde a algún tipo de material escolar o a una nueva edición, muy cara, del TEG.

Feliz debe estar el ferretero, que como se puede observar ganó 900 mil pesos en tan solo un trimestre, o el muchacho de la gomería, que se llevó una jugosa comisión luego de haberle vendido 250 mil pesos en cubiertas para los vehículos oficiales a la Casa Rosada. ¿Cuántos vehículos tienen? A un promedio de 2.500 pesos cada una, compraron lo suficiente como para equipar 25 vehículos cada tres meses. Esto no incluyó la camioneta blindada, por la que los argentinos pagamos 1.800.000 pesos. El que hizo el mejor negocio, posiblemente, es el jardinero. Por regar la Plaza Colón, ubicada detrás de la Casa de Gobierno, durante 3 meses, le pagaron 2 millones de pesos.

En una casa con tanta historia es inevitable que haya insectos y roedores. En respuesta a ello, la secretaría general decidió pagarle 4 millones al servicio de fumigación, que por ese dinero prometió eliminar también las cucarachas de todo Tribunales, Barrio Norte, Palermo, Retiro y Monserrat.

Todos tenemos derecho a un pan calentito en las rigurosas mañanas de otoño. Es por esto que el presidente ordenó pagar 2.100.000 pesos en panificados. “Que no haya un empleado de la secretaría general sin su pan” fue, posiblemente, una de las propuestas de campaña.

En una lectura detallada de los “proyectos ingresados” en la planilla 23-1-PAC18, se observa que la Casa Rosada gastó la friolera de 10 millones de pesos en catering. A no alarmarse. A las cosas hay que entenderlas en su debido contexto, comparadas con otros estamentos. 10 millones en comida para la Casa Rosada no es nada si lo comparamos con los 5.200.761 millones que gastó solo el departamento de Medios y Contenidos Públicos de Hernán Lombardi en alimentos. Acorde al detalle presentado por él mismo, los argentinos cubrimos sus gustos por: Mermeladas, aceitunas, alfajores, mate cocido, gaseosas, dulce de leche, tapas para empanadas, miel, café y hongos.

Sí, el ministro pidió hongos y nosotros le pagamos los hongos.

La lista de gastos en los que incurren nuestros representantes, más allá de lo pintoresca, es la muestra gratis de un país que se tapa los oídos para no tener que escuchar los problemas del otro. Como el “Cono del Silencio” inmortalizado por Maxwell Smart, cada funcionario, empresario, dirigente político y también cada trabajador, pareciera vivir su vida cerrando los ojos y tapándose los oídos para no escuchar los gritos ajenos. Cada uno ve escurrir las horas del día ausente al resto, inmerso en su propia burbuja. Porque, ¿qué importancia puede tener el cierre de una sala de neonatología en La Plata para un funcionario que está gastando el dinero en hongos exóticos en Capital Federal? Es todo el mismo dinero. ¿En qué puede influirle a un director provincial que ordena gastar 1.2 millones en cuidar una cancha de paddle, que un docente trabaje todo el mes para ganar 13 mil pesos? Es todo el mismo dinero. ¿Qué le importa a un jefe de Compras que aprueba que la provincia gaste 7 millones en un catering que una escuela cierre por falta de fondos? De nuevo: Es todo el mismo dinero, del Estado, de todos, que una y otra vez se pierde en cuestiones superfluas. Un voluptuoso torrente de efectivo que, como en un cruel y cínico tormento, elige esquivar una y otra vez los asuntos de fondo. Porque, en definitiva, ¿a quién le importa? (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

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