MIéRCOLES 23.05.2018
Whatsapp: (11) 2031 0146
Últimas noticias  
Cultura | Documento histórico IDEALPOLITIK

La Patagonia rebelde

IDEALPOLITIK | 22 de enero de 2018
Por: PAOLA RODRÍGUEZ

Las administraciones públicas de Argentina se han caracterizado por ser ineficientes. Debido a la incapacidad de administrar bienes escasos, sumado a la coyuntura internacional y últimamente global, cada 10 años aproximadamente el sistema capitalista de nuestro país entra en crisis.

Las empresas necesitan ser redituables, y la variable de ajuste siempre termina siendo el salario del trabajador. Esta historia se repite a través de los años, cambian los actores sociales, pero las prácticas son las mismas. Este mes se cumplen 97 años de una de las huelgas más importantes de comienzos del siglo XX, consecuencia de la primera crisis económica y social.

Al primer suceso la historia lo nombra como la Semana Trágica. Al tiempo comenzaron las huelgas en el sur argentino, que también formaron parte de ese hormiguero obrero ofensivo infundido por la Revolución Rusa y su proletariado en marcha. Bajo la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, el sur patagónico no quedo exento de la variable de ajuste del capitalismo.

En este caso en particular, el componente externo de la crisis fue el fin de la primera guerra mundial, que crispó rápidamente el precio de la lana y por ende su demanda, principal materia prima del sur.

Yrigoyen fue el primer presidente electo bajo sufragio universal y secreto, perteneciente a la histórica Unión Cívica Radical (UCR). A pesar de que este partido político representó a la masa de trabajadores inmigrantes, y accedió al poder cuestionando la oligarquía de aquellos tiempos, a la hora de tomar el poder sus fieles colaboradores fueron abiertamente conservadores.

La provincia de Santa Cruz era territorio nacional su gobernador dependía del gobierno central, no tenía independencia ni autarquía provincial. El gobernador que puso Irigoyen fue Edelmiro Correa Falcón, secretario de la Sociedad Rural de Santa Cruz.

Las condiciones de trabajo en las estancias eran muy duras. El pago solía ser en “vales” o en pesos chilenos, los cuales eran tomados por un valor inferior en los comercios locales. Los peones vivían en las estancias, trabajando de 12 a 16 horas diarias, durmiendo en tarimas de maderas, encerrados desde afuera para evitar que se escapen. El único día de descanso era el domingo.

En septiembre de 1920 la Sociedad Obrera de Río Gallegos, dirigida por Antonio “el Gallego” Soto, de tendencia anarquista, pidió autorización para hacer un acto homenaje a Francisco Ferrer, pedagogo español, fusilado en España. El permiso fue denegado por Correa Falcón y se allanó el local de la Sociedad Obrera.

Se respondió con un paro de 48 horas. Los delegados de los peones de campo viajaron a Río Gallegos a apoyar el movimiento en el pueblo y presentaron un pliego de reivindicaciones, reclamando mejoras en las condiciones de trabajo y que se reconozca a la Sociedad Obrera. En una primera instancia, los estancieros y la Liga de Comerciantes e Industriales desconocieron a la Sociedad, a los delegados de los peones y se negaron a someterse el pliego.

Luego terminaron aceptando parte de las reivindicaciones de los trabajadores, a condición de que los delegados sean elegidos de común acuerdo con ellos, tomando en cuenta conducta y antigüedad, es decir dichos delegados no necesariamente seguirían formando parte del personal. El paro siguió y se declaró la huelga en Puerto Deseado. Se produjeron enfrentamientos y tomas de estancias. Murió el joven ferroviario de 21 años Domingo Faustino Olmedo, junto a otros peones de la estancia “el cerrito”.

Consciente de la crisis institucional y bajo la presión de Gran Bretaña, que pedía protección para las estancias inglesas, el presidente Yrigoyen envió en enero de 1921 a tropas del ejército comandadas por el Teniente coronel Héctor Benigno Varela, con las órdenes de "normalizar" la situación.

Varela, como negociador, ordenó la rendición incondicional y los estancieros firmaron un ofrecimiento reconociendo la organización de los peones. La mayoría de la peonada aceptó y se levantó la huelga. Osvaldo Bayer lo anuncia como un “final feliz: buen preámbulo para la muerte”.

El acuerdo no se cumplió. Llegó la segunda huelga, esta vez con el fin de lograr la liberación de los peones presos. Con sus líderes encerrados, la furia de los trabajadores se acrecentó, y comenzaron las tomas de estancias. En Río Gallegos no hubo estancia en funcionamiento. Miles de obreros marcharon por la ciudad con banderas rojas.

Al teniente coronel Varela se le ordenó volver a Río Gallegos, esta vez con columnas de soldados. El noviembre se dio el primer fusilamiento: el trabajador chileno Triviño Carcomo.

Al mes siguiente fusilaron al último grupo de peones combativos, el dirigido por José Font, conocido como “Facón Grande”, diciéndole que si se rendían, no iba a correr sangre. Se entregaron y fueron fusilados medio centenar de obreros.

Para el 10 de enero de 1921, entre 300 y 1500 obreros habían sido fusilados o muertos en combate. La policía informó la pérdida de cinco de sus hombres y el ejército reconoció haber perdido dos soldados.

Al exterminar al último grupo de huelguistas, las tropas del ejército se dedicaron a rastrillar toda la provincia de Santa Cruz en busca de los huelguistas dispersos. El ejército perseguiría a los huelguistas, los iría atrapando y fusilando sumariamente.

La inusitada represión que asesinó y encarceló a más de un millar de huelguistas constituye uno de los hechos más graves de violencia contra los trabajadores durante un gobierno democrático argentino. (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

NOTICIAS RELACIONADAS


¿Qué te parece esta nota?


Comente esta nota

Los comentarios publicados a continuación son entera responsabilidad del visitante. Por lo cual, vale aclarar, reflejan exclusivamente la opinión del lector, y no necesariamente la de IDEALPOLITIK.
Loading...
Su comentario fue enviado correctamente.
Su comentario NO fue enviado. Intente nuevamente.