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Pigüé: La tierra del porvenir

IDEALPOLITIK | 22 de enero de 2018
Por: PAOLA RODRÍGUEZ

En 1878 el coronel Ángel Plaza Montero consiguió del gobierno la concesión de 300 mil hectáreas conocidas como "Concesión Plaza Montero" para crear una estancia con el objeto de fomentar la cría de ganado caballar para exportación. Este emprendimiento fomentaría la llegada de familias europeas.

Cuatro años más tarde, estas tierras fueron adquiridas por un sindicato británico representado por Eduardo Casey con la obligación de colonizarlas, exigencia establecida por el gobierno argentino. Esta compañía se llamó Sociedad de Tierras "Curumalan".

Las vías del Ferrocarril Sud se fueron ampliando hasta Bahía Blanca, por lo tanto en la región comenzaron a desarrollarse los primeros asentamientos poblacionales compuestos por habitantes blancos e indígenas integrados a la civilización.

En el año 1880 llegó desde Francia a Buenos Aires el señor Clemente Cabanettes. Él pensaba formar una colonia aveyronesa en la Argentina, solicitando al gobierno de la Provincia de Buenos Aires una fracción de campo disponible. Cabanettes conoció a Casey, acordó con él fundar la colonia en campos de Curamalan y eligió la parte de Pigüé, por lo cual le pidió al Ferrocarril Sud una estación con este nombre. Las estaciones proyectadas eran solamente la actual Arroyo Corto y la de Saavedra, que se llamó Alfalfa hasta la fundación del partido de ese nombre.

El convenio entre Casey y Cabanettes era la venta de diez leguas de campo, tomando por base la línea noroeste para formar la colonia, al precio de dieciséis pesos la hectárea, a pagar en varios plazos. Pero a Cabanettes no le importó este importe. Al contrario, recibió anticipos en dinero para hacer el viaje que planeaba a Francia a traer los colonos, y mientras tanto estableció en Pigüé la regencia de la colonia, la cual debía preparar el alojamiento para los colonos franceses.

Se hizo un gran galpón de 40 metros por 50 para guardar las futuras cosechas hasta su venta y se levantó, en la intersección de cada cuatro chacras, una casa de fierro para cada una y un pozo de agua potable en común. Todo esto con los fondos proporcionados por el señor Casey.

Cabanettes llegó a Aveyron e hizo propaganda para su empresa. Se le ofrecía a cada colono 200 hectáreas de terreno que debía cultivar por seis años seguidos, entregando la mitad de todo lo cosechado libre de gastos. El cumplimiento de esta cláusula hacía que al cabo de ese tiempo el colono recibiera la escritura de propiedad, cualquiera que fuera el valor de la cosecha entregada.

Había otra cláusula que pedía al colono que anticipara en efectivo 5 mil francos a cuenta de todo lo que se le proveería a su llegada, incluso animales de labor, implementos agrícolas y semillas. Pero no se encontró un solo colono que suscribiera, a pesar de ser ella esencial para Cabanettes que no contaba con capital para tal empresa y ya estaba en deuda con Casey.

Es preciso saber las dificultades que tuvo que vencer Cabanettes en el Aveyron para formar el contingente de colonos. Las autoridades estaban en su contra y la prensa aveyronesa lo atacó ferozmente tratándolo de aventurero y explorador de la pobre gente que quería llevar a América donde le pagaban por cabeza para hacerlos trabajar en terrenos plagados de bestias feroces.

Cabanettes llegó a Pigüé el 4 de Diciembre de 1884, con un número de cuarenta familias a quienes estableció en los alrededores de Pigüé y a lo largo de las sierras. La bondad de las tierras en la falda de las sierras y su superioridad sobre las demás como posición para la protección contra las heladas, hizo que los que cultivaban esas chacras recogieran mejores cosechas. Fueron los que más tarde recibieron la escritura de propiedad, pagando los terrenos, no con la mitad de la cosecha, sino al precio de 24 pesos la hectárea -pagaderos en seis anualidades sin interés- que correspondían a los contratos con que Casey reemplazó los primitivos.

Este fue el efecto de su ilustre audacia al iniciar una colonización sin capital alguno, pero hay que reconocerle su perseverancia ante las dificultades y su buena voluntad de favorecer a sus compatriotas, a quienes quería hacer prosperar a riesgo de su propio beneficio.

Casey colaboró con la fundación de la colonia, proporcionando un terreno valioso y ayudando con su capital, una y varias veces, hasta que el destino redujo su fortuna hasta anularla, y tanto él como Cabanettes murieron pobres, dejando para beneficio de los demás, el partido de Pigüé. (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

 

 

 

 

 

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