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El asesinato de Santiago Pampillón, un antecedente del “Cordobazo”

IDEALPOLITIK | 26 de diciembre de 2017
Por: PAOLA RODRÍGUEZ

El 29 de julio de 1966 el gobierno ilegitimo de Juan Carlos Onganía anunció la intervención a las universidades. Resistiendo a las medidas antidemocráticas, todas las tardes grupos de estudiantes se concentraban en varios lugares céntricos, de Córdoba y Buenos Aires; caminaban y gritaban consignas para llamar la atención, pero todos trataban de irse antes de que llegaran los efectivos policiales. 

A días de la intervención, se decidió una huelga por quince días, en una asamblea multitudinaria en la Universidad de Córdoba. La medida fue acompañada por el movimiento obrero, que organizaba ollas populares en los sindicatos, solidarizándose con el cierre del comedor universitario.

La dictadura pretendía avanzar en la universidad porque consideraba que la subversión se filtraba a través de la educación, acompañando con aranceles y cursos de ingresos para abolir su carácter de bien público. 

Se empezó a organizar clandestinamente una nueva asamblea masiva. En la primera semana de septiembre de 1966, miles de volantes convocaron a una asamblea en la plaza Colón con la idea de atraer allí al grueso del aparato represivo y pasar de boca en boca la consigna de que la asamblea se haría en una esquina céntrica el 7 de septiembre a las 20.00.

La idea no fue tan clara entre los estudiantes y terminaron rodeados en la plaza Colón por la policía, que apagó el alumbrado público e iluminó la concentración con reflectores. Al mismo tiempo, en otros barrios cercanos se concentraban miles de estudiantes. Al momento de abrir la asamblea, decenas de patrulleros dieron inicio a una batalla campal, en la que el aire estaba saturado por los gases lacrimógenos.

En un momento dado, la infantería comenzó a replegarse y el dominio estudiantil se hizo más fuerte. Desbordada, la policía comenzó a reemplazar los gases lacrimógenos por las balas. En la plaza Colón, entretanto, los estudiantes salían como podían del cerco policial y marchaban al centro. En conjunto, la batalla se libraba en un radio de veinte cuadras. “Han matado a un estudiante”, anunciaba el canal televisivo de la universidad.

En la avenida Colón, un policía había disparado a sangre fría sobre Santiago Pampillón.

Esa noche, los estudiantes fueron nuevamente reprimidos cuando se concentraron frente al hospital de Urgencias, donde se trasladó el cuerpo de Pampillón, replegándose en el barrio Clínicas hasta el amanecer. Un negro manto de silencio y luto cubría al movimiento estudiantil cordobés, que perdió el año lectivo mientras la huelga se apagaba junto con 1966. La resistencia del 66, la ocupación del barrio Clínicas y la lucha de calles corroía la imagen de invulnerabilidad del aparato represivo de la dictadura, mientras el movimiento estudiantil profundizaba en un polo antidictatorial su relación con el movimiento obrero, siguiendo a Tosco, la CGT de los Argentinos y oficializando la relación con el movimiento obrero por fuera de la burocracia sindical.

El asesinato de Pampillón, quien se transformaría en un símbolo por su doble condición de obrero y estudiante, condensó a la unidad obrero-estudiantil y fue el inicio de un camino que, menos de tres años después, el 29 y 30 de mayo de 1969, desembocaría en la batalla de dos días entre el pueblo cordobés y la policía que pasó a la historia con el nombre de “Cordobazo” y significó el principio del fin de esa experiencia dictatorial. 

“Lamento las víctimas producidas y las que vendrán”. La frase, pronunciada por el gobernador de Córdoba, Miguel Angel Ferrer Deheza, que asumía con más desesperación que lucidez el asesinato de Santiago Pampillón perpetrado el 7 de setiembre de 1966, pintaba la torpe firmeza de las autoridades frente a la lucha estudiantil. Pero la muerte de Pampillón, obrero y estudiante, añadiría más dolor y rabia al enfrentamiento que, casi dos meses antes, había provocado la dictadura de Juan Carlos Onganía cuando anunció, el 29 de julio de ese año, la intervención a las universidades. La respuesta a esa medida fue fulminante y masiva.

Sin quererlo ni saberlo, Onganía y su entorno de tecnócratas y cursillistas ponían en marcha un proceso en el que, durante cuatro años, el movimiento estudiantil se politizaría aceleradamente, ejercería la democracia directa y se foguearía en la lucha de calles contra la represión. Tras la intervención, vino la huelga y el debate político sobre cómo encarar la lucha contra la dictadura, uno de cuyos hitos fue la célebre asamblea del Pabellón Argentina, en la ciudad Universitaria, donde se produjo el primer choque entre las viejas representaciones estudiantiles y las nuevas corrientes, aún en gestación, que tendrán protagonismo principal en el “Cordobazo” y después. (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

 

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