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La saga del pueblo vasco: Un corazón partido por la historia

IDEALPOLITIK | 23 de octubre de 2017
Por: SABINO MOSTACCIO

El pueblo vasco cuenta con una historia milenaria y una idiosincrasia propia. Ha protagonizado grandes epopeyas en la historia de España y Francia, las dos naciones entre las cuales se reparte su territorio.

Las primeras huellas de asentamiento humano en la comarca  vasca de ambos lados de los Pirineos datan de 150 mil años atrás. Los vascones, siempre fueron muy celosos de su independencia y frenaron los intentos  de dominación de pueblos duros como los celtas, iberos y cartagineses. Algunos sirvieron de mercenarios en el ejército del general cartaginés Aníbal, en la Segunda Guerra Púnica (218-202 AC), destacado por su bravura. Los romanos recién pudieron someterlos a fines del siglo I AC cuando el emperador romano Augusto (27 AC-14 DC), dirigió una dura campaña contra ellos, haciéndolos tributarios de Roma.

No obstante, la romanización penetró de forma superficial en las tierras vascas y no afectó su cultura e idiosincrasia, siendo que tampoco el Imperio se preocupó mucho por el desarrollo de la región, que para fines de la era imperial casi no contaba con ciudades importantes, y con escasos recursos económicos. De estos tiempos es de destacar, la difusión del cristianismo a partir del siglo III, de la mano del misionero San Fermín, en la zona de los Pirineos. Los vascos abrazaron a la nueva fe en masa y la convirtieron en su más nueva seña de su identidad.

Los invasores germánicos francos, suevos y visigodos no tuvieron mejor suerte a la hora de sojuzgar a los vascos, siendo el rey godo Wamba. En el año 672, el único en hacerlos vasallos de su reino hispánico, tras una larga lucha. Del lado franco, los reyes merovingios perdieron gradualmente el control de las tierras vascas, hasta que el rey Carlomagno (771-814), logró hacer vasallos por un tiempo a los señoríos vascos de la región formados tras el fin del imperio romano. Pero hacia el año 900 los vascos se libraron de la tutela franca  y crearon el poderoso Ducado de Aquitania, muy vinculado a la Iglesia y a la monarquía inglesa, tras el matrimonio del rey Enrique I de Inglaterra con la duquesa Leonor de Aquitania, en 1157.

Del lado hispánico, la desintegración del reino godo tras la invasión musulmana propicio la independencia vasca y el surgimiento del reino de Navarra, hacia el año 820, de la mano del caudillo Iñigo Arista. Su hijo Sancho I, tomó el título de rey en 850 y luchó contra los musulmanes, arrebatándoles muchas tierras. Se opuso también al expansionismo franco. Uno de sus descendientes, Sancho III, fue hacia 1035 el primer monarca cristiano en reinar sobre todos los principados hispanos del norte  y centro de la península, tras reunir en si las coronas de León, Galicia, Aragón y Navarra. Al morir este, sus hijos se repartieron los reinos entre sí, pasando los vascos a depender de Castilla hacia el siglo XII, aunque desde 1200 recibieron una amplia autonomía materializada en los Fueros, que todos los reyes castellanos respetaban.

Al terminar la Reconquista en 1492, y tras el descubrimiento de América, muchos vascos españoles migraron al nuevo mundo, participando en la Conquista y exploración de nuevas tierras. Los vascos franceses, en tanto, fueron sometidos por la monarquía franca en el año 1204, y perdieron su poca autonomía tras las feroces guerras civiles y religiosas que sacudieron a Francia en el siglo XVI, aunque en 1598, Enrique de Navarra, de la familia Borbón, que descendía de vascos, se corno rey de Francia. En el siglo XVII se produce un renacimiento cultural vasco, en ambos lados. Bernard Etchepare, sacerdote vasco francés, publica en 1640 la primera gramática del idioma euskera, el primer monumento de la literatura vasca registrado.

Tras la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, vienen tiempos de inestabilidad para los vascos. En 1833, la disputa por la sucesión al trono español desata una guerra civil, dónde los vascos se alienan con el pretendiente Carlos Isidro de Borbón, hermano del difunto rey Fernando VII. Esta disputa dará origen al “Carlismo”, movimiento que defiende a ultranza los fueros y tradiciones vacas, en el marco de una monarquía católica. Del lado francés, el centralismo parisino ahoga la cultura vasca, aunque durante el Tercer Imperio (1852-1870), se vivió cierto auge económico de la mano del turismo y las obras publicas.

Tras acabar las Guerras “Carlistas” en  España, en 1876, la constitución promulgada por el rey Alfonso XII de Borbón (1876-1888), suprime los fueros y la autonomía de las provincias vascas de España. Los carlistas mantienen vivía la resistencia al centralismo y hacia fines del siglo XIX, aparece en el país vasco un movimiento de reivindicación nacionalista dirigido por antiguos militantes carlistas como Sabino Arana Goiri (1865-1901), que ya no reclaman la autonomía sino más bien una nación vasca propia.

La resistencia de las autoridades españolas es dura a la pretensión nacionalista vasca y recién en 1913, el partido EAJ (Partido Nacionalista Vasco) fundado por Arana, es legalizado. Esto coincide con el despegue económico, la industrialización del País Vasco (que pasa a ser el centro económico de España junto a Barcelona), la inmigración hacia América de las clases bajas y la difusión de ideas izquierdistas y racistas entre la clase media y algunos obreros. También se vivió el fenómeno de la inmigración del resto de España hacia Euskadi (como empiezan a llamar los vascos a su tierra).

Del lado francés, la Primera Guerra Mundial deja su huella en la neutralización del nacionalismo vasco y de despegue industrial de ciudades como Burdeos y Bayona. Pero, no obstante, y a diferencia de España, muchos vascos migran hacia el norte de Francia en busca de trabajo en la industria. Bajo el Estado Francés de Pétain (1940-1942), el País Vasco francés vive las tensiones de la guerra, cooperando algunos con el ocupante nazi y otros apoyando grupos democristianos de la resistencia, soñando con que al término de la guerra recibieran la ansiada autonomía.

Del lado español, la Segunda República ( 1931-1939) despertó grandes esperanzas de autonomía para los vascos, que lograron un estatuto autónomo en 1933, pero la Guerra Civil Española, iniciada en 1936, arrasó con estas ansias y tras la victoria del general Francisco Franco en 1939, las provincias vascas fueron objeto de una feroz persecución contra los opositores al nuevo régimen, mientras que muchos vascos se beneficiaron de su apoyo al alzamiento franquista e hicieron grandes negocios durante el Régimen. Las provincias vascas de Navarra y Alaba recibieron una amplia autonomía y privilegios fiscales por su apoyo al bando nacional durante la Guerra Civil. Mientras en las restantes de Vizcaya y Guipúzcoa, así como del lado francés, se gestó una corriente de resistencia antifascista que hacia 1959 degeneró en la formación del grupo paramilitar ETA (Patria Vasca y Libertad), que recurrió a la violencia atentando contra personalidades del régimen y oficiales de las fuerzas de seguridad, y también, contra militantes y civiles de derecha que no compartían sus métodos.

Durante la Transición Española (1975-1979), se negoció un nuevo estatuto de autonomía para el País Vasco español, y se dictó una ley de amnistía que perdonaba los crímenes políticos cometidos entre 1969 y 1977, que en teoría debía terminar con la violencia de ETA. Pero no sucedió esto y la sociedad vasca se radicalizó y se dividió entre nacionalistas moderados, radicales y españolistas, y los atentados de ETA continuaron ensañándose contra ciudadanos civiles, funcionarios y oficiales del gobierno y la policía. La población vasca, que hasta 1977 tenía sectores que veían con simpatía a ETA, en los años 90 perdió la confianza y el respeto por la banda que pasó a ser incluida en la lista de grupos ferrositas por la comunidad internacional.

Francia y Escapa, se unieron también para acabar con ese flagelo, cuando la banda atacó a oficiales franceses, a mediados de los 90, propinándole duros golpes. Mientras confrontaban a sus demonios, los vascos de ambos lados prosperaron y lucharon por defender su cultura  y sus derechos, repudiando la violencia terrorista que ensangrentaba su tierra y su raza. Aun hoy, el milenario pueblo vasco, que tiene una historia para enorgullecerse, lucha por encontrar un rumbo de paz y progres acorde a su rica herencia, y libre del miedo y rencores. (www.IDEALPOLITIK.com.ar)

 

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