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El Muro de Berlín: El corazón de Europa cortado en dos

IDEALPOLITIK | 10 de julio de 2017
Por: SABINO MOSTACCIO

El Muro de Berlín se convirtió en un símbolo de la división de Europa en dos durante la Guerra Fría, haciendo realidad el escenario que Winston Churchill había descripto en un célebre discurso de 1946, donde hablaba de un “telón de acero o cortina de hierro” que separaba a Europa desde el Báltico hasta le Adriático y atravesaba las ciudades de Berlín y Viena, emblemáticas capitales de la Europa central y otrora corazón del poder militar y político germano, aplastado tras la caída del régimen nazi y la derrota de Alemania en la segunda Guerra Mundial.

Los regímenes de inspiración soviética que se instalaron en Europa oriental y que limitaban con países de extracción capitalista o neural construyeron barreras en las fronteras por dos motivos: protegerse de ataques extranjeros y para retener a la población descontenta que buscaba emigrar de esos países, ya sea por cuestiones de disidencia política o por cuestiones socioeconómicas. 

Las más fuertes defensas de este tipo se encontraban en la frontera que desde 1949 separaba a la República Federal Alemana, capitalista y liberal, de la República Democrática Alemana, integrante del bloque soviético. A medida que recrudecía la división del mundo en dos bloques ideológicos, y la pugna entre Estados Unidos y la Unión Soviética, crecía cierto descontento en la Europa Oriental y Central ocupada por los soviéticos desde 1944.

Y era la ciudad de Berlín, dividida además en 4 zonas de ocupación por los vencedores de la guerra (y rodeada por el territorio de la Alemania comunista que tenía la mitad oriental por capital), el punto más problemático. Desde 1948 los soviéticos habían intentado restringir el tránsito de mercancías y personas entre las 2 mitades de Berlín, habían ensayado un frustrado bloqueo sobre la mitad oeste bajo control de los Aliados occidentales en 1949. 

Tras la muerte de Stalin, en 1953, estallaron feroces disturbios en la Alemania Oriental, en contra del régimen gobernante. Las tropas soviéticas sofocaron las revueltas y una oleada de exiliados busco refugio en la Alemania Federal y en Berlín Occidental.

Para prevenir estas fugas, que además comprometían la seguridad de su protectorado alemán, los soviéticos levantaron alambradas y otras vallas, y en 1961, al ver que no cesaba el aluvión de emigrados, dieron un paso más y se dispusieron e levar un muro de concreto que cortaba en 2 a Berlín. El presidente estadounidense John Kennedy intentó prevenir la construcción y no lo logró. Para 1965, la obra se había terminado. Familias enteras quedaron separadas por la construcción y la economía de la ciudad se resintió.

En 1973, ambas mitades de Alemania normalizaron sus relaciones diplomáticas y entonces el gobierno del este concedió a los alemanes occidentales limitados permisos para viajar, trabajar o comerciar en la República Democrática Alemana, incluyendo Berlín del Este.

Se permitió a los refugiados germano orientales enviar dinero a sus familias y se evacuaron algunas tropas en la zona del muro. No obstante, la Alemania oriental no relajó su política represiva y pese a su elevado grado de desarrollo económico, había ciudadanos que intentaban escapar o contrabandear en el muro, siendo perseguidos de forma brutal por la Stasi, la temible policía secreta del régimen.

A fines de los años 80, cuando Mikhail Gorbachov emprendía sus reformas modernizadoras en la URSS, creció la presión sobre el resto de los gobiernos comunistas para una mayor apertura y liberalización. La mayoría cedió a la presión internacional, pero el régimen de Alemania Oriental, a manos del general Erich Honecker (1972-1989), pretendía endurecerse para sobrevivir.

La presión de Occidente, a través de Estados unidos y de la Alemania Federal, empujó las ansias de libertad del pueblo oriental y el 8 de noviembre de 1989, ciudadanos enardecidos de ambas mitades de Berlín tomaron las calles y emprendieron la demolición de sectores del Muro. La pasividad de la policía que o reprimió a los manifestantes produjo la renuncia de Honecker y su reemplazo por un gobierno moderado, que prometió demoler el muro y trabajar por la unidad nacional junto al canciller Helmut Kohl (1982-1998) de la Alemania Federal.

Ese día histórico marcó en fin de la Guerra fría y el amanece de un nuevo siglo, donde Alemania renació como una nación destinada a tomar el papel principal en el escenario europeo, y el mundo se encaminaba a una nueva era de esperanza, pero también de incertidumbre y caos.

Las dos Alemanias se abrazaban finalmente en la encrucijada del mundo. (IDEALPOLITIK.com.ar)

 

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