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Escudé se equivoca sobre Malvinas

IDEALPOLITIK | 12 de noviembre de 2014
Por: Juan Recce

Escudé se equivoca. Respeto su opinión en un enorme esfuerzo por considerarla honesta. Somos muchos los que entendemos que Malvinas no es un capricho y que la política (politics), más allá de las expresiones partidarias e ideológicas de coyuntura, desempeñan un rol importantismo en el desarrollo de la política exterior (policy) y su consecuente correlato en los asuntos internacionales, sobre todo, para los que estamos en la “periferia” del poder mundial. Vayamos por partes.

Escude plantea Malvinas casi como un capricho ñañoso y se equivoca. Malvinas tiene un sentido y ese sentido no es “sentimental”, es “material” y por tanto “pragmático”. Malvinas es la puerta de entrada a la última frontera de planetaria de los recursos naturales: seis millones de km2 de plataforma continental y acceso a la última gran porción de tierra emergida a escala mundial, la Antártida, un continente de catorce millones de km2, del cual nuestro país reclama 1/8 parte. Ambos espacios encuentran a Malvinas como su epicentro estratégico. En ese enorme sistema geográfico está escondido todo lo que el hombre como especie necesita para hacer frente a la probable escasez objetiva de recursos a los que nos enfrentaremos en las próximas décadas a nivel mundial. Para nuestro país, este “capricho” involucra la discusión de cerca de 7 millones de km2 ricos en energía, metales, proteínas, biodiversidad y agua potable.

“Isleñizar” Malvinas es dotarla de irrelevancia, es despojarla de su valor contextual, el mismo valor contextual que impulsa a la política exterior británica a mantener su presencia militar allí y a sostener a una comunidad anglosajona trasplantada, como mascaron de proa de sus intereses permanentes. ¿Los archipiélagos de Ascensión, Santa Elena, Tristán Da Cunha, Georgias, Sandwich del Sur y Malvinas no son acaso un sistema logístico de postas hacia la Antártida? Los ingleses no son ni buenos ni malos, son prácticos y auto-interesados. Los kelpers les resultan prácticos y por eso los sostienen. No tenemos nada en contra de los kelpers, ellos pueden ser argentinos.

En un diálogo personal, el historiador inglés Richard Gott, me contaba que siendo él funcionario del Forign Office en la década de 1960 visitó todos los hogares malvinenses para recomendar a los isleños, en nombre de la Corona Británica, que optarán por la ciudadanía argentina ya que el Reino Unido no tenía más interés en las islas. La guerra de Malvinas, la revalorización de los recursos naturales provenientes del Mar y la cercanía de la revisión del Protocolo Antártico sobre explotación de recursos naturales “subieron las acciones” de Malvinas. La Geopolítica es una disciplina cambiante y dinámica. Es cierto lo que plantea Escudé, los estados pueden cambiar o desaparecer, ahora bien, también es cierto que siempre actúan y planifican pensando en su supervivencia y su mayor bienestar relativo, nunca pregonando su auto-desaparición.

El Reino Unido no es un país de “doble estándar”, es un país de “estándares múltiples”, puesto que tiene un criterio ético para cada necesidad. Basta con observar su conducta histórica en India, China, África o Medio Oriente, para darnos cuenta de que estamos hablando. Sin remontarnos lejos en el tiempo el caso de los “chagosianos” del archipiélago Diego García en el océano Indico, es el testimonio viviente de como el mismo actor colonial, el Reino Unido, desconoce el principio de la autodeterminación de los pueblos cuando va en detrimento de sus intereses permanentes.

En torno a Malvinas se discute la Pampa Húmeda del Siglo XXI: el Mar. Si ponemos un compás en Tierra del Fuego, con el mismo trazo de lápiz podremos tocar el extremo norte de Jujuy, el Polo Sur en el Centro de la Antártida y el límite exterior de la más alejada de las islas del archipiélago Sándwich, la Isla Sanders. Este país, el país que queremos para el futuro, es un país en 180 grados, un semicírculo de tierra y mar donde convergen las oportunidades futuras de los argentinos y suramericanos por venir.

Teniendo esto consideración y no afirmaciones segregantes ¿Malvinas cosecha votos? Sinceramente nunca lo he medido, pero no me cabe ninguna duda. La respuesta por la métrica electoral que según Escudé es aplicable a los “ciudadanos menos instruidos” me parece muy arbitraria. Lo que si hemos medido en una muestra de campo que reúne de las 24 provincias argentinas a 900.000 mil “encuestados” en la Campaña de PueblosPorMalvinas.org es que ninguno de ellos votaría a un candidato presidencial que cuestione en sus ejes programáticos de campaña una renuncia a la disputa legal y política por la Soberanía de Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur, Plataforma Continental y Porción Antártica. Esos 900.000 argentinos de todas las clases sociales, de todos los partidos políticos y de distintas realidades académicas, dan fe, parcialmente, de que Malvinas es un eje absolutamente transversal en la sociedad argentina.

Vayamos sobre el segundo punto. ¿Será que el Reino Unido no tiene una posición “maximalista”? ¿Cómo debemos denominarla cuando desconoce el llamamiento de Naciones Unidas, tiene militarizado el Atlántico Sur, ejerce posesión ilegal de las islas Georgias y Sándwich del Sur, y ha consagrado unilateralmente a la porción antártica que reclama nuestro país como “Tierras de la Reina Elizabeth”? ¿No corresponde acaso que frente a los sostenidos (aunque normalizadamente habituales) actos de prepotencia tengamos una posición maximalista?

Malvinas tiene al menos cuatro vías de resolución convergentes, es decir, que no se excluyen unas a otras: la jurídica, la militar, la política y la geopolítica.

La jurídica es piloto automático. Argentina tiene una posición jurídica sólida, documentada y multilateralmente legitimada en resoluciones de organismo internacionales. Salvo que Lord Ponsonby resucite o Escudé sea canciller, la vía jurídica constituye un baluarte perenne de la política exterior argentina. La semilla del éxito está allí.

¿Qué decir sobre la militar? Plantear el problema del Atlántico Sur en el marco de una carrera armamentista tendiente a la búsqueda de la simetría del poder militar con el Reino Unido es un absurdo. Nunca mejor aplicado el “No te gastes”. “La plata nunca te va a alcanzar”, sería en criollo. Si vamos por ese camino, sólo le vamos a allanar el terreno a los intereses de quienes nos desean exhaustos y divididos. Identifiquemos con lucidez a los profetas de la nada. Estados Unidos y el Reino Unido agotaron a la Unión Soviética con la estrategia conocida como la Guerra de las Galaxias. La Unión Soviética no lo entendió y sembró, al ritmo de la producción de armas, sin producción de mercado, pobreza, exclusión y corrupción. Así funciona el “maltusianismo militar”. El poder militar siempre es escaso si el otro tiene un poco más. Esto no significa que no debemos re-patrimonializar el instrumento militar para consolidar a un sistema de armas moderno y eficiente, pero este camino es largo, y tiene a la ciencia como su locomotora.

La política, por su parte, abre paso a las garantías multilaterales y la sustentabilidad social de largo plazo de la política exterior. Son los otros, estatales, quienes sostienen y refuerzan nuestra posición, y Argentina ha logrado eso, no por la mera vía de la épica, la poesía y la chachara, sino de pragmatismos: Malvinas es la última frontera planetaria de los recursos naturales. Hoy, muchas personas de la región piensan Suramérica con la porción antártica y la plataforma continental incluida como algo normal. Lo mismo sucede con la gente. Somos una generación plural que entiende el valor estratégico de Malvinas.

Finalmente, la geopolítica es hoy la geopolítica del conocimiento. Aunque los intelectuales más conservadores se esfuercen por decir que la historia de la política internacional se resume en ruidos de cañón, sangre y fuego, esa no es más que la triste e insulsa cascara de los procesos mundiales. El Reino Unido logró un lugar privilegiado en la historia gracias a la Primera Revolución Industrial; Estados Unidos logró el suyo gracias al impulso social y económico que le permitió la carrera por la Segunda Revolución Industrial. Detrás, siempre ha habido mentes brillantes desplazando el horizonte de lo posible conocido. China e India, entre otros, van por ese camino. El conocimiento es el verdadero poder. Debemos fundar una geopolítica del conocimiento. Pampa Azul es un tenue reflejo de lo que podemos hacer por nuestro futuro.

Comprender Malvinas no es sencillo. Cuando las motivaciones estratégicas suelen ser tan elevadas, y por ello tan distantes de nuestro vivir cotidiano, el fenómeno se vuelve tan “superliminal” que obnubila. Lo obnubilante sin una traducción que genere expectativas concretas y palpables, por su distancia temporal y material, puede llevarnos por el camino del tedio, el menosprecio o la mera pasión. La amplitud social de Malvinas, lejos de ser un instrumento electoralista es la reafirmación de un derecho: la apropiación social, “ciudadana”, de los asuntos estratégicos. Los grandes temas de la Argentina son patrimonio de la gente y ninguna coyuntura, por compleja que sea, debe borrarlos de nuestro itinerario social de largo plazo.


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