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Economía vs. Política

IDEALPOLITIK | 10 de noviembre de 2014
Por: Santiago Albizzatti

“Entre los hombres está la comunidad de bienes, la cual por algún tiempo permaneció inviolada, antes de que la avaricia destrozara la sociedad y fuese causa de su pobreza, incluso para los que hizo muy ricos. Pues dejaron de poseer las cosas en el momento que quisiéronlas como propias”.

Lucio Anneo Séneca

 

A medida que se acerca el 2015, se termina el tiempo de los discursos y se avecina el momento de las decisiones difíciles. Y no existe nada más espinoso para un político que enfrentarse a una decisión que -lo sabe de antemano- será duramente criticada.

Una vieja máxima señala que la economía y la política deben controlarse la una a la otra, pero jamás enfrentarse. Cuando los intereses de una chocan con los de la otra, deviene la crisis. Hoy, este escenario tan temido desvela a la presidenta de la Nación, en la cuenta regresiva de las que serán las elecciones más difíciles que su fuerza política jamás haya tenido que enfrentar. Sin ella como posible candidata, el oficialismo ha fracasado en encontrar un candidato “puro”, y tendrá que arreglárselas con Scioli, la oveja negra de la familia, para enfrentar a Massa y a Macri, ambos con buenas chances de acceder al sillón de Rivadavia.

En este difícil contexto, desde el Ejecutivo se cae día tras día en la dicotomía de hacer lo que es mejor para la economía o lo que lo es para la política. La telenovela que ha mantenido en vilo al país durante este año ha sido el conflicto con los fondos buitres, especialmente el administrado por Paul Singer, NML Capital. Economistas, empresarios, inversores y hasta el mismo Scioli ruegan por un acuerdo a comienzos de enero, cuando venza la cláusula RUFO. Llegar a un arreglo significaría para la Argentina el acceso al mercado de capitales, la caída del riesgo país, recuperar algo de confianza externa, destrabar importaciones, activar parte del mercado que se encuentra dormido, alcanzar el 1,5%  de crecimiento en el 2015, y un muy necesitado flujo de dinero fresco para la provincia de Buenos Aires, absolutamente atosigada por un presupuesto que no logra acotarse a los límites de esta nueva realidad.

Negarse a acordar con los buitres sería muy malo para la economía nacional. El país no alcanzaría crecimiento alguno durante el 2015 aumentando el espiral recesivo, no accederíamos al mercado de capitales, la provincia de Buenos Aires, casi con seguridad, se ahogaría bajo la enorme estructura de sus propios costos, y Cristina llegaría al final de su mandato a los manotazos, con una economía sumida en una profunda crisis.

Desde el plano político, sin embargo, acordar con ellos significaría un duro golpe a la posición del gobierno, el fin del “Patria sí, Buitres no” que tantos puntos de aprobación le valió en los últimos meses.  ¿Qué diría Massa si, luego de varios meses de despotricar contra Paul Singer, nos avenimos a sentarnos sobre sus frías rodillas y pagarle lo que pide? ¿Qué diría Macri? Sin dudas, lo utilizarían como un caballito de batalla en el escenario de una contienda electoral. Señalarían que la Presidenta está a la deriva, diciendo una cosa y haciendo otra muy distinta. ¿Qué dirían los innumerables grupos sociales que empapelan las calles con slogans anticapitalistas?

Los fondos buitres son, como lo expresó el ministro Kicillof, “el ébola del sistema financiero internacional”. La especulación salvaje y el aprovechamiento inicuo de los vacíos legales es un mal que, si lo dejamos, se transformará en endémico, llevando a la quiebra a empresas, estados y provincias, no sólo en la Argentina sino en el resto del mundo. La Argentina tomó acciones al respecto y fue seguida por la mayoría de las naciones del mundo. Estos fueron pasos valiosos y honestos que, sin duda alguna, culminarán con profundas modificaciones en el modo en que los países se relacionan con los fondos de cobertura a lo largo y ancho del mundo. Modificaciones que irán, indudablemente, en perjuicio de éstos. Pero éste proceso, aunque merecido, puede durar años, incluso décadas. Mientras tanto, el país tiene que pagar sus deudas, sanear sus cuentas, pagar sueldos que corren por detrás a la inflación, el aguinaldo de diciembre y otros compromisos no menos importantes.

El swap con China y los acuerdos con Chevron representan fondos frescos para las arcas del país, en un momento en el que las reservas comienzan a acercarse a sus mínimos en muchos años. Pero con esto no alcanza para abastecer a una economía cada vez más sedienta de dinero, inmersa en una voraz inflación que se devora cualquier aumento de sueldo de un bocado. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué hacer cuando el relato no encaja en los límites de la realidad? ¿Forzar el relato o forzar la realidad?


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