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¿El senador Morales hace lo políticamente correcto, está de joda o qué le pasa?

IDEALPOLITIK | 7 de agosto de 2014
Por: Emilio Augusto Raffo

Primeramente, es dable resaltar que este interrogante se direcciona generalmente respecto del accionar de cualquier dirigente o persona que, amparado en las formalidades, pretende poner en evidencia su propia razón (cuando esto seguramente no es así).

Por ésta sola circunstancia, los grupos opositores, en lugar de aprovechar el acontecimiento para “preguntar” (¡”queremos preguntar”!, ¡queremos preguntar!”, algunos de ellos se manifestaban casi desaforados en un programa televisivo), “interrogar” y hasta  requerir la “rendición de cuentas” del gobierno nacional, prefirieron incumplir su mandato y retirarse de la sesión.

Algunos de ellos, por caso la señora Gabriela Michetti, señalaban que “como algo pasa”, el vicepresidente,  por la sola circunstancia de estar procesado en una causa, debía dejar su cargo, aunque fuera transitoriamente.

Ha sido por difundido el elocuente y enjundioso discurso del senador por la provincia de Jujuy Gerardo Morales (aquella provincia reconocida y recordada por el histórico “éxodo” en las batallas de la independencia y que también diera destacados aportes a nuestra cultura nacional, Jorge Calvetti, Medardo Pantoja, Néstor Groppa y en donde años tras año se celebra el Tantanakuy piloteado por el maestro Jaime Torres), representante éste que en muchos casos se ha caracterizado por una suerte de desierto jurídico en sus exposiciones. Morales se ha opuesto férreamente a que el vicepresidente de la nación cumpliera con su mandato y obligación constitucional, anunciando el retiro de su bancada y, para rematar, de manera histriónica dirigiéndose al presidente de la Cámara, diciéndole: “Está de joda tocando con la Marcha de Ronaldo”, abandonando aquella recordada y vigorosa retórica de sus correligionarios como Leandro Alem, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Oscar Alende, Moisés Lebhenson, Amadeo Sabattini y, más cercano, Raúl Alfonsín.

Si el vicresidente “procesado” jurisdiccionalmente ocupa la titularidad de la Cámara, luego de dar curso a una vocación cultural y hasta terapéutica de tocar en una banda musical, “está de joda”… ¿Ir con un grupo de sus correligionarios a la “fiesta de la Pachamama”, muñidos de morralitos artesanales (posiblemente para llevar consigo algunas “hojitas de coca y bicarbonato”) es lo “políticamente correcto”? Aunque sea en una querida provincia que, por decir algo, se caracteriza por tener uno de los índices de alcoholemia más elevados a nivel nacional en conductores de vehículos.

Es absolutamente cierto que el vicepresidente de la Nación ha sido procesado en una causa, en la que, eventualmente, podrá ser sometido a juicio (cuando aquella decisión se encuentre totalmente firme), y en el mismo, con el debido proceso, el fiscal formulará su acusación, el señor Boudou procurará defenderse y, llegado el caso, se dictará su condena o absolución. Todo ello, respetando las normas pertinentes y bajo la atenta mirada de muchos medios de difusión (oficialistas y opositores) y, por ende, de la ciudadanía interesada en el tema.

El senador Morales señala que el vicepresidente está de joda, demostrando una vez más el empeño de ridiculizar y disminuir todo lo que ocurre y se resuelve en nuestra patria y, como consecuencia de ello, resaltando lo que se hace en otros lares, las mas de las veces calificados en los países desarrollados, democrática y socialmente cultos, etcétera. ¿Es esto lo políticamente correcto?

Parafraseando a Séneca, a nuestra patria la amamos… no porque sea la más grande o la mejor, sino simplemente porque es nuestra.

Pero veamos lo que ocurre en otros países y también en el nuestro.

Corría el año 1963, el gobierno y el estado de la entonces primer potencia mundial, Estados Unidos,  desconfiando del rumbo que el entonces presidente John F. Kennedy -sobre todo acercándose a los “negros” o incluyéndolos y concretando aquel “sueño” de Martin L. King- aceptaba el magnicidio. En forma inmediata, el vicepresidente Lyndon Jhonson, asumía y con el cuerpo casi caliente del ex presidente asesinado, difundía su programa de gobierno, designados allegados, etcétera, etcétera… ¿Era esto lo políticamente correcto?

En 1972 se había producido un extraño caso de allanamiento de la sede central del Partido Demócrata (en el edificio de oficinas Watergate), que el 17 de junio de 1972 destapó un método de realizar escuchas ilegales por hombres contratados por algunos colaboradores del presidente.

En marzo de 1974, el gran jurado federal consideró al presidente copartícipe, sin cargos formales, en una conspiración para obstruir la acción de la Justicia en la investigación del escándalo Watergate. En la tarde del 8 de agosto, Nixon anunció su dimisión. El 9 de agosto, Gerald Ford prestaba juramento del cargo. A nadie se le ocurrió que el presidente Nixon se apartara de su cargo… Esperaron el procedimiento preestablecido y en aquella tarde de agosto de 1974 (hace ya cuarenta años) el Presidente renunciaba y una aeronave presidencial lo llevaba hasta su domicilio particular…Era lo políticamente correcto….?

En 2007, el presidente alemán, Christian Wulff, anunció su dimisión a causa del escándalo de tráfico de influencias en el que se vio envuelto por una actuación que tuviera en un cargo de jefe eegional, mandato anterior al renunciado. No esperó una decisión, las normas allí vigentes expresamente establecen la incompatibilidad del desempeño y la confesión de algunos de los hechos develados. ¿Era esto lo políticamente correcto?

Ahora bien, ¿qué ha ocurrido más recientemente en nuestra república?

El gobierno de la Alianza, asumido en 1999, debió afrontar un público escarnio de corrupción, precisamente en la Cámara de Senadores en la cual hoy trabaja el senador Morales. Como consecuencia de ello, el entonces vicepresidente “Cacho” Álvarez, en lugar de combatirla -como se comprometiera en documentos publicados en la época- resolvió renunciar al cargo -desde una bacanal confitería de su barrio porteño- y llamarse a silencio durante algunos años… ¿Era lo políticamente correcto?

Como consecuencia de ello, luego de que el entonces presidente de la república también renunciara a su cargo y se retirase en el helicóptero de la Casa Rosada -sumiendo al país en una de las crisis económicas, políticas, institucionales, económicas y sociales de mayor gravedad recordadas- fue acusado, primero, y luego procesado a raíz de las denuncias formuladas por un ex secretario administrativo de la Cámara de Senadores.

Si bien el hecho no sería absolutamente igual -el presidente había abandonado el cargo dos años antes del vencimiento del mandato-, lo cierto es que el doctor Fernando De La Rúa debió afrontar una bochornosa afrenta mediática, social y judicial, hasta que finalmente fue absuelto, juntamente con otros acusados. Si bien dicha resolución aún no se encuentra firme, hasta el momento esa es la decisión que hoy puede comentarse. ¿Era esto lo políticamente correcto?

Antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa debo recordar una frase, que no es mía, que señala: “La Argentina es el único país en el mundo en el cual, cuando uno dice algo de buena fe, tiene que salir a explicar que no quiere decir todo lo contrario”.

Aclarado esto debo señalar que en el caso del vicepresidente Boudou, a quien ni remotamente pretendo defender, se encuentra procesado -en decisión recurrida- y como queda dicho falta aún juzgarlo (y obvio que este caso contará con una adecuada y hasta desmedida difusión por parte de los medios y hasta de groseras e inhumanas infidencias como ocurriera hace pocas horas al declarase la aparición del recuperado nieto 114 por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo). Podrán acreditarse la veracidad de algunos hechos, que los mismos se correspondan con alguno o con todos los acusados… podrá finalmente absolverse o condenárselo.

Hasta tanto ello ocurra, como  ha sucedido por caso con el intendente de la Ciudad de Buenos Aires ingeniero Mauricio Macri, gozará de la presunción de inocencia.

Como lo señala una caracterizada profesora de Derecho Penal en un trabajo por ella escrito -a quién no cito expresamente por no contar en este momento con su autorización para hacerlo- : “De acuerdo al principio de inocencia establecido por la constitución nacional en el artículo 18, todo habitante de la nación goza de sus derechos en la medida que no exista condena judicial y las restricciones que se impongan a su pleno ejercicio solo pueden tener como objetivo asegurar el fin estatal de determinar la existencia de un delito y hacer responsable a su autor. De donde se sigue que toda restricción a los derechos de los habitantes que vaya más allá de las necesidades del proceso, resulta ser un sometimiento innecesario e injustificable”.

En definitiva, se trata de una ostensible violación del derecho humano del vicepresidente y de quien sea en este estado del proceso jurisdiccional.

La actitud del señor senador nacional Gerardo Morales, su verborragia, su arrogancia y su desconocimiento del derecho son propios de lo que puede denominarse -cuanto menos-  una conducta chabacana, patoreril e inadecuada en el recinto en que se ha vertido y habida cuenta la representación constitucional que detenta.

En momentos en que la nación toda encolumna sus esfuerzos combatiendo a lo más rancio y deleznable de los oscuros capitales, tarea ésta que encuentra muchos compañeros de camino, no sólo en América Latina, en la OEA, Mercosur, etcétera, etcétera, unos pocos pretenden hacerse los distraídos contrariando los intereses nacionales con discusiones banales y bizantinas. A estos ya los repudió en su momento el ex presidente Arturo Humberto Illía… ¿Es esto lo políticamente correcto?

Pero volviendo al senador jujeño Morales: ¡¿Hace lo políticamente correcto, está de joda o qué le pasa?!.


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